El Premio Nacional de Juventud visibiliza el alineamiento de la UAH con la Agenda 2030 y su compromiso como promotora del potencial juvenil de influencia positiva

Martes, 02 marzo 2021

Pablo Prego Meleiro, alumno del Programa de Doctorado en Ciencias Forenses de la Universidad de Alcalá, ha sido galardonado con el Premio Nacional de Juventud 2020, en la categoría de Derechos Humanos. Su candidatura fue presentada por la Unidad de Igualdad y el Vicerrectorado de Políticas de Responsabilidad Social y Extensión Universitaria de la Universidad de Alcalá#Agenda2030

Comprometido con la defensa de los Derechos Humanos, Pablo también participa en UN75, la iniciativa creada por las Naciones Unidas para promover un diálogo global sobre el futuro que queremos en el contexto de la Agenda 2030.

- Dentro de los Premios Nacionales de Juventud, has obtenido la distinción en Derechos Humanos. ¿Puedes explicarnos en qué ha consistido el trabajo premiado?

El trabajo premiado sigue la línea temática de mi tesis doctoral, que aborda el problema de las agresiones sexuales facilitadas por drogas en contextos de ocio juvenil. En esta forma de violencia sexual, las víctimas son agredidas cuando se encuentran bajo los efectos incapacitantes de sustancias psicoactivas, como el alcohol u otras drogas, o fármacos psicoactivos. Es un problema grave que afecta especialmente a las mujeres jóvenes, vulnerando sus Derechos Humanos. Precisamente, la distinción en Derechos Humanos se debe a que el trabajo premiado se ajusta al objetivo número 5 de la Agenda 2030, que busca lograr la igualdad de género y empoderar a las mujeres. En concreto, a la meta 5.2, que persigue la eliminación de todas las formas de violencia contra la mujer. Además, el trabajo se alinea también con la Estrategia de las Naciones Unidas para la Juventud, que defiende los Derechos Humanos de las y los jóvenes. Durante mi doctorado, he aplicado un doble enfoque al problema de las agresiones sexuales facilitadas por drogas, centrándome no solo en su estudio, sino también en su prevención. Este doble enfoque, que supuso actuaciones en dos áreas fundamentales, fue valorado positivamente por el jurado del Instituto de la Juventud, debido a su carácter innovador y modélico, y a su impacto positivo en la sociedad.

- ¿En qué han consistido estas dos áreas fundamentales de tu investigación?

En primer lugar, el estudio de las agresiones sexuales facilitadas por drogas, se centró en identificar las dificultades que enfrentan las víctimas. A menudo, sufren amnesia o tienen dificultades para recordar la agresión debido a los efectos de las sustancias implicadas. Además, no suelen presentar lesiones, ya que al estar incapacitadas no pueden oponer resistencia. A esto se suma la percepción social del problema, que se ve condicionada por el machismo latente en nuestra sociedad. Las víctimas suelen ser culpabilizadas por la violencia sufrida, argumentando su irresponsabilidad, descuido o promiscuidad. Existen además tres mitos específicos que condicionan la percepción social del problema. Primero, predomina la idea errónea de que, en la mayoría de los casos, el agresor administra alguna sustancia a la víctima para incapacitarla. En realidad, en la gran mayoría de los casos, el agresor aprovecha el estado de incapacidad derivado del consumo voluntario de alcohol. Esto nos lleva al segundo mito, según el cual las sustancias implicadas son las denominadas “drogas de la violación”, como la burundanga o escopolamina. Sin embargo, el alcohol es la sustancia predominante. El tercer mito consiste en la idea errónea de que la persona agresora es generalmente un desconocido, cuando en realidad suele ser alguien cercano a la víctima. Pues bien, una vez identificadas estas dificultades, la fase de estudio se completó con el desarrollo de una herramienta útil como marco estratégico para guiar tanto la investigación sobre el problema como su prevención. Esta herramienta preventiva consiste en un nuevo marco de trabajo ecológico que permite un enfoque holístico y multidisciplinar sobre este problema de violencia, tal y como recomiendan las autoridades internacionales.

Por otra parte, a partir del conocimiento adquirido durante la fase de estudio, y utilizando el nuevo marco de trabajo ecológico, se diseñaron acciones dirigidas a la prevención del problema. Estas acciones perseguían aumentar la sensibilización social frente a la realidad de las agresiones sexuales facilitadas por drogas, para prevenirlas y para generar un mayor apoyo social a las víctimas. Para ello, como se trata de un problema que afecta especialmente a la juventud, se movilizó a la propia comunidad juvenil para que actuase como agente de prevención. Así, el alumnado universitario de diversos grados llevó a cabo múltiples acciones. Destacan los talleres preventivos impartidos en Institutos de Educación Secundaria. En estas visitas, el propio alumnado promovió un cambio social positivo, al transmitir consejos y mensajes preventivos a sus compañeros de niveles educativos inferiores. Esto fue posible gracias a un proyecto de aprendizaje y servicio apoyado tanto por el Instituto de Ciencias de la Educación de la UAH, como por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Así mismo, en esta segunda fase de prevención, el trabajo premiado incluyó también mi participación en la iniciativa UN75. En este sentido, me adapté a los canales de comunicación abiertos por las Naciones Unidas, para hacer llegar a organismos nacionales e internacionales competentes en la materia, un mensaje de sensibilización frente al problema de las agresiones sexuales facilitadas por drogas.

- ¿Qué supone para ti y qué implicaciones tiene la concesión de este premio?

Este premio supone un reconocimiento a un esfuerzo personal por contribuir, desde al ámbito académico, a un mundo más igualitario, más justo, y libre de violencia. Ahora bien, es un éxito que va más allá de la esfera personal, ya que también es fruto del trabajo realizado por un amplio grupo de profesorado y alumnado universitario. En definitiva, es el resultado de un amplio esfuerzo que involucra a la comunidad universitaria. En este sentido, las acciones desarrolladas se alinearon con los desafíos reconocidos por la comunidad global a través de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, por lo que el premio contribuye a visibilizar y fortalecer el sentido de la Educación Superior al servicio de la sociedad. Por esta razón, la mayor implicación de este premio es que reconoce a la propia universidad como un potencial agente colaborador de las Naciones Unidas, capaz de catalizar la enorme capacidad de acción de la comunidad juvenil para influir positivamente a su alrededor. Aprovechando nuestros esfuerzos académicos e intelectuales, las y los jóvenes, desde la universidad, podemos colaborar con las Naciones Unidas en los procesos y esfuerzos globales para la construcción de un mundo mejor y para el logro de los objetivos de la Agenda 2030. La universidad es un entorno adecuado para favorecer este encuentro entre desarrollo sostenible y juventud, actuando como agente inspiradora de nuevas ideas, acciones y líneas de investigación, así como conectando personas, y amplificando las voces de la comunidad académica, para poner el conocimiento al servicio de la sociedad.

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