'Analizando la presencia de las autoras en los planes de estudio de enseñanza secundaria y universitaria comprobamos que falta mucho por hacer'

Viernes, 13 noviembre 2020

Teresa López Pellisa, Ayudante doctor del Departamento de Filología Española, Comunicación y Documentación de la Universidad de Alcalá, comenta a uah.esnoticia las principales tendencias de la investigación de la literatura fantástica española e iberoamericana. En esta entrevista, Teresa explica los conceptos en los que trabaja dentro de su trabajo de investigación.

- ¿Por qué los monstruos han tomado fuerza en un contexto como el actual?

Los monstruos siempre han existido. Su presencia en el imaginario simbólico de la humanidad nos ha acompañado desde el principio de los tiempos. Si pensamos en las quimeras, los demonios y el hombre lobo, el fantasma, Drácula (que surge en el siglo XIX) o el zombie de la tradición haitiana, podemos comprobar que en cada momento de la historia los seres humanos han generado diferentes monstruos que reflejaban los miedos, los deseos, las fobias y la represión de la sociedad en la que fueron engendrados.

En la actualidad, los monstruos han ido mutando y adaptándose a los intereses y las necesidades de la sociedad. Hoy podemos hablar de monstruos hegemónicos cuando asistimos a la creación de zombies producidos por el virus de un laboratorio que responde a intereses económicos (como sucede con la obra de teatro 'Banqueros vs zombies' de Dolores Garayalde y Pilar G. Almansa) o de monstruos políticos cuando hablamos de fantasmas que vuelven para denunciar que fueron asesinados por la dictadura o que fueron víctimas de un estado social de derecho que no les protegió como debería (pienso en este caso en algunos cuentos de la escritora argentina Mariana Enríquez).

- ¿De dónde nace la necesidad de estudiar las figuras fantásticas en la literatura?

La literatura fantástica es subversiva porque nos revela que la realidad es una convención que puede transgredirse en cualquier momento, y la literatura de ciencia ficción tiene un potencial político muy fuerte porque nos permite pensar que otro mundo es posible. Uno de los personajes que más me ha interesado abordar en mis trabajos es el de la mujer artificial a partir de lo que denomino el Síndrome de Pandora. Cuando empecé a trabajar en la representación de los personajes artificiales femeninos en la ciencia ficción comencé a recopilar y estudiar mujeres artificiales, muñecas de tamaño natural, ginoides (androides femeninos), maniquiféminas, mujeres virtuales, etc. Con el síndrome de Pandora me refiero a los textos en los que un varón fabrica/compra una mujer artificial tamaño natural para tener una relación sentimental con el artefacto, por lo que se convierte en tecnopater y amante de la criatura. La mayoría de estos textos se cierran con un final trágico (pandórico) con el que se penaliza la relación entre lo humano y lo no humano. No se penaliza el sometimiento del sujeto femenino o que el rol de la mujer artificial continúe representado la utopía heteropatriarcal. Lo que se penaliza es la imposibilidad de la reproducción heterosexual del trabajo y la imposibilidad de la producción de cuerpos para el sistema institucional capitalista.

Fruto de esta investigación surgió la publicación de 'Las otras. Antología de mujeres artificiales' en la que se reúnen cuentos sobre esta temática en los que se muestra una clara postura feminista, como los de Angélica Gorodischer y Elia Barceló, así como otros cuentos que reflexionan sobre la temática del colectivo LGBTI, con propuestas que subvierten la función del cuerpo femenino como fetiche heteropatriarcal, como es el caso de los cuentos de Lola RoblesNaief Yehya y Alberto Chimal, además de las propuestas de relaciones sexuales con seres absolutamente 'queer' que juegan a tener apariencia femenina, tal y como proponen Joss y Diego Muñoz Valenzuela. Pero también se presentan maternidades monstruosas (como en los relatos de Claudia Salazar y Gerard Guix) u otros textos en los que la erotización del cuerpo femenino no es el eje central del relato, tal y como sucede con los cuentos de Lina MeruaneEdmundo Paz SoldánMar Gómez GlezSofía RheiJorge BaraditAlicia FenieuxRicard Ruiz GarzónIván Molina o Sergio Gaut vel Hartman, así como otros cuentos en los que la relación entre el varón y el artefacto sí que se insertaría en la tradición iniciada por 'El hombre de arena' (1816) de Hoffmann, como sería el caso de los cuentos de José María MerinoPatricia Esteban ErlésPablo Martín SánchezJuan Jacinto Muñoz RengelRaúl AguiarAna María ShuaDavid Roas y Guillermo Samperio.

- En relación con la obra ‘Ciberfeminismo: De Venus Matrix a Laboria Cubonik’, ¿Se encuentran más personajes fantásticos femeninos en la actualidad que en el pasado? ¿Cuál crees que es el origen de este fenómeno?

El libro sobre 'Ciberfeminismos: de Venus Matrix a Laboria Cubonik' consiste en una antología de textos teóricos, ensayísticos, académicos y artísticos de diferentes pensadoras sobre la relación entre el feminismo y la cultura digital, por lo que no estaría relacionado con la literatura fantástica.

Teresa Lopez Pellisa interior
Teresa López Pellisa

Esta publicación cuenta con un extraordinario prólogo de Remedios Zafra, cuya labor en este campo de la investigación es notable a nivel a internacional. Esta pensadora fue la introductora de las teorías ciberfeministas en el ámbito académico español en los años 90. Algunos de los textos que aquí aparecen reflejados se traducen por primera vez al castellano, por lo que la antología se articula a partir de una perspectiva histórica que aborda desde los manifiestos de las VNS Matrix de la década de los noventa, hasta el xenofeminismo de Laboria Cuboniks en el siglo XXI, o el activismo bio-tech de subRosa, así como el poshumanismo de Rosi Braidotti o el tecnofeminismo de Judy Wajcman.

-Por último, ¿Puedes contarnos en qué investigación trabajas actualmente dentro de la UAH?

Una de mis líneas de investigación principal se centra en rescatar y visibilizar el trabajo de las escritoras españolas y latinoamericanas de lo fantástico y de ciencia ficción. Fruto de estas indagaciones han surgido varias publicaciones como 'Poshumanas y Distópicas'. Antología de escritoras españolas de ciencia ficción' cuyo trabajo edité junto a la escritora Lola Robles. Lo interesante de esta antología es que muestra una perspectiva histórica que abarca desde el siglo XIX hasta el 2015, en la que aparecen nombres como el de Emilia Pardo Bazán, autora que asociamos al naturalismo y al realismo, a pesar de que escribió numerosos cuentos fantásticos y maravillosos, así como algún relato de ciencia ficción. De hecho, su primera novela, 'Pascual López. Autobiografía de un estudiante de medicina (1879)' tenía una resolución racional para el fenómeno extraordinario, y por tanto, entraría dentro de la categoría de la ciencia ficción. Se citan nombres como los de Ángeles Vicente o María Lafitte, condesa de Campo Alange, cuya producción no realista es muy interesante, así como los cuentos de Roser Cardús, Alicia Araujo, Rosa Fabregat o Teresa Inglés (por mencionar a algunas de las autoras que publicaron en la primera parte del siglo XX), además de Rosa Montero, Sara Mesa, Elia Barceló o Nieves Delgado, entre una nómina de 30 autoras.

Otras de las publicaciones relacionadas con esta línea de investigación ha sido 'Insólitas. Narradoras de lo fantástico en Latinoamérica y España'. Se trata de una antología que he preparado junto al escritor, ensayista y periodista Ricard Ruiz. En este libro mostramos una panorámica global de lo que están escribiendo actualmente las narradoras latinoamericanas y españolas en el género del cuento no realista, y creemos que los lectores se asombrarán de la gran nómina de autoras que están cultivando lo fantástico, la ciencia ficción y la fantasía en el ámbito hispánico. Y no puedo dejar de mencionar 'Fantastic Short Stories by Women Authors form Spain and Latin America', cuya publicación edité junto a Patricia García, compañera del departamento de Filología Española, Comunicación y Documentación y del Grupo de Investigación GILCO de la Universidad de Alcalá, cuya publicación bilingüe tenía como objetivo acercar la literatura fantástica española a las universidades del ámbito anglosajón.

Todavía queda mucho trabajo por hacer, y estamos seguras de que podremos ir aumentando la nómina de cuentistas españolas de ciencia ficción. Es importante recordar que el teórico de la literatura y crítico literario Harold Bloom, autor de 'El canon occidental', bautizó como 'Escuela del Resentimiento' a las primeras reivindicaciones de la crítica literaria feminista y poscolonial, en las que se solicitaba una revisión del canon literario en los planes de estudio de la universidad norteamericana. El canon, como todo, se configura a partir de convenciones sociales y relaciones de poder de clase, de género y de sexo, que no pueden pasar desapercibidas ni para las lectoras, ni para la crítica, ni para la academia, ni para el discurso institucional. Si analizamos la presencia de las autoras en los planes de estudio en la enseñanza de secundaria y en las universidades españolas, seguimos comprobando que todavía falta mucho trabajo por hacer. Por otro lado, mis líneas de trabajo actualmente se centran en el poshumanismo y los estudios del futuro.

- ¿En qué temáticas se centran tus líneas de investigación? ¿Por qué?

Mis líneas de investigación se centran en las relaciones entre literatura y cibercultura. El primer ensayo que publiqué al respecto fue Patologías de la realidad virtual. Cibercultura y ciencia ficción (Fondo de Cultura Económica). A lo largo de este ensayo me hago eco de diversas cuestiones que ya habían sido esbozadas previamente en otros trabajos, y que considero que se han convertido en una patología, ya que se trata de síntomas que he detectado en prácticamente todo el corpus analizado de obras de ciencia ficción, tanto televisivas, como literarias, cinematográficas o teatrales.

Sistematizar esas características me permitió elaborar una serie de herramientas analíticas que nos permiten detectar cualquiera de estos síntomas en aquellos textos cuya temática gire en torno al concepto de realidad virtual. Mi intención no era otra que la de construir un cuadro nosológico donde describir, diferenciar y clasificar cada una de las patologías detectadas: La esquizofrenia nominal (para destacar la confusión terminológica y la utilización abusiva de vocablos como ‘virtual’, ‘ciberespacio’ o ‘realidad virtual’ a la hora de referirse a todo aquello que tenga que ver con la tecnología informática). La metástasis de los simulacros (como metáfora de la proliferación, propagación, penetración e invasión de los simulacros en el tejido de lo real). El síndrome del cuerpo fantasma (que nos permite reflexionar sobre la incidencia en el cuerpo humano de los avances en biogenética, inteligencia artificial e interacción hombre-máquina). El misticismo agudo (referido a las cualidades metafísicas y transcendentales que le otorgamos a las nuevas tecnologías informáticas). Y el síndrome de Pandora (para hacer alusión a las relaciones entre humanos y seres femeninos artificiales).

He seguido analizando nuestra relación con la cibercultura, y sobre cómo se ha visto modificada nuestra idea del cuidado del otro y de los afectos a partir de la comunicación mediada por ordenador que hoy rige nuestras vidas en las plataformas digitales. Fruto de estas últimas reflexiones he diagnosticado tres nuevas patologías: el síndrome de Argos (que hace alusión al panóptico cibernético en el que vivimos rodeados de pantallas a través de las que miramos a los otros, y los otros nos observan), el síndrome de Mercurio (como síntoma de una sociedad caracterizada por la velocidad y el comercio) y el síndrome de Antígona (para poner sobre la mesa la falta de empatía que sentimos ante el dolor del Otro y cómo este tipo de relación se ha agudizado en la era de las plataformas digitales). Precisamente tenía que hablar de estas patologías en el congreso Radicantes que se celebraba en marzo en la Universidad de Salamanca, pero que ha tenido que ser pospuesto, como todas nuestras vidas, tras la llegada de la pandemia. Por todo esto, lo que me preocupa especialmente es que se pueda acentuar el síndrome de Antígona.

Por lo tanto, mis líneas de investigación se centran en las relaciones de la cibercultura con la literatura (a partir de la literatura de ciencia ficción y las narrativas hipermedia), con el teatro (a partir del estudio del teatro cíborg, teatro digital, hiperdrama, etc.) y con el feminismo (a partir de las teorías ciberfeministas, el xenofeminismo y el poshumanismo crítico feminista).