Conmemoración del nacimiento de Alfonso X El Sabio

Viernes, 26 noviembre 2021

Tal día como ayer, Día de San Clemente, nacía hace 800 años en Toledo Alfonso X de Castilla, más conocido como Alfonso X 'El Sabio' por rodearse de un excelente grupo de científicos, poetas, traductores y eruditos de varios orígenes y disciplinas que formaban parte de lo que pasaría a la historia como la Escuela de Traductores de ToledoPedro Sánchez-Prieto Borja, Catedrático de Lengua española de la UAH y Director de la Editorial Universidad de Alcalá explica la importancia de su figura.

En una de la obras patrocinadas por Alfonso X, la General estoria, al llegar a la fundación de Atenas, se cuenta que este nombre, de acuerdo con una etimología que recoge Ovidio en sus Metamorfosis, quiere decir 'lugar sin muerte'. No en vano, el nombre fue impuesto por Palas Atenea, diosa de la guerra, pero también de la sabiduría. El sabio, nos dice la General estoria, aunque muera, sigue vivo en la memoria, y ocho siglos después de estas palabras celebramos el aniversario del nacimiento del rey Sabio en Toledo, el día de San Clemente de 1221.

Si la familia en la que nacemos condiciona nuestra vida, tanto más en un rey. Hijo de Fernando III, estaba llamado a continuar los logros del conquistador de Jaén, Córdoba y Sevilla. No alcanzó Alfonso en ese campo la relevancia de su padre, y tal vez, por su carácter e inclinaciones se asemejaría más a su tío segundo por parte de madre, Federico II Hostenhausen, que se rodeó de una corte de sabios y tradujo diversas obras orientales de astrología.

La educación del príncipe fue prioridad de los notables del reino, y pronto viajará a Galicia bajo la tutela de su ayo. En Allariz (Ourense), debió de iniciarse en la música, afición que lo acampañará siempre, y allí aprendió el gallego-portugués, que será la lengua de las cantigas; años más tarde, cansado y enfermo, dirá que sanó milagrosamente por interecesión de la Virgen al poner en el lecho su cabeza sobre el códice. Sea como fuere, es esta una prueba de amor a la música, la poesía y el libro. Pero los textos que se le proponen no fueron solo religiosos; el rey, además de conocer las leyes para gobernar con prudencia, ha de obrar con astucia para sostener una monarquía en permanente conflicto con los nobles. Cuando infante, manda traducir el Calila e Dimna una recopilación de 'ejemplos' que hunde sus raíces en la cultura persa, que entrecruza filosofía helenística, indostánica y musulmana. Allí se señala que todos creen que su religión es la verdadera, pero, en realidad, esta se profesa por herencia de los padres o por imposición de los conquistadores. Un ejemplo de apertura intelectual que irá conformado la visión del mundo del futuro rey.

Aunque no es recordado por sus campañas, participó en la toma de Murcia (1243) y Sevilla (1248). Como nieto de emperador Federico Barbarroja, aspiró al trono del imperio romano germánico, y, a pesar del tiempo y dinero invertido, fracasó en la empresa. Pero el conflicto que ensombreció el final de su reinado fue el sucesorio. La preferencia por su nieto mayor, hijo del infante muerto don Fernando el de la Cerda, le valió una enemistad permanente con su hijo Sancho: los partidarios de este lograron destituirlo en en la cortes de Valladolid de 1282. Alfonso murió un par de años más tarde, abandonado de todos, tras una enfermedad que le deformó la cara. Pronto se inició una leyenda negra sobre figura.

En pleno barroco, el jesuita Juan de Mariana lo señala embelesado en las estrellas y olvidado de su reino, además de atribuirle un estilo pedante. Pero lo cierto es que las obras de Alfonso X están incardinadas en su acción política. El inmenso corpus legal que son las Partidas busca una fundamentación en el derecho romano de unas leyes universales para el reino de Castilla y León, frente a la fragmentación que imponía el poder de los nobles y eclesiásticos. Otorgó a las ciudades el Fuero real, en un intento de poner coto al localismo de los fueros municipales consuetudinarios.

Su obra historiográfica de vocación universal (General estoria) sobresale por la importancia que cobra ahora la materia gentílica, que se sitúa a la par de la bíblica en importancia y extensión, si no la supera. La apertura intelectual se manifiesta en la combinación de fuentes judías, árabes, clásicas y románicas (de la Farsalia de Lucano se hace ahora la primera traducción a una lengua romance).

Las obras astrológicas alfonsíes parten del principio de 'simpatía' entre todos los elementos del cosmos, de manera que los astros influyen en los seres terrenales. Ello explica la búsqueda del momento propicio para las acciones. Pero en la corte de Alfonso x se cultivó una astrología empírica (hoy diríamos astronomía), que se materializa en las Tablas alfonsíes, vigentes en Europa durante buena parte de la Edad Media. Pero la curiosidad del rey y sus colaboradores no tiene límites, y se adentraron, incluso en la magia negra, en una obra como el Libro de las formas e imágenes, de la que solo se conserva el índice. Ni siquiera en medio de las dificultad del final de su reinado Alfonso el Sabio abandonó su obra cultural: trabajaba entonces en la sexta parte de General estoria, y de 1283 es el Libro de acedrex, dados e tablas, ricamente ilustrado, y que es, con el del Lapidario o libro de la piedras, uno de los códices más valiosos de la Edad Media europea.

Por último, cabe señalar la apuesta de Alfonso y sus colaboradores por el castellano, cuando los tratados legales, historiográficos y científicos se seguían escribiendo en Europa en latín. La contribución al enriquecimiento léxico del idioma es enorme: soliloquio, bigamia, tirano, tetrarca, istmo, amoniaco, zénit, brahmán, o cloaca (para el saneamiento de Roma) y tantas otras se introducen en español y, no pocas veces, en la lenguas de Europa, gracias a la obra de Alfonso X. Y, por encima de todo, nos queda como legado de este período un interés genuino por el conocimiento, una curiosidad que no conoce límites; este deseo de saber, se nos dice, forma parte de la naturaleza humana. Frente a la idea convencional de una Edad Media oscura, el s. XIII en la corte de Alfonso X es una época luminosa para el conocimiento, y ello gracias a una apertura intelectual que, por desgracia, no tuvo continuidad en el reino de Castilla. 

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