En los últimos meses, desde que Trump fue reelegido presidente de EE.UU., el nombre del Instituto Franklin-UAH aparece con frecuencia como referencia analítica para la opinión pública española en distintos medios de comunicación. En más de una ocasión, los profesores más jóvenes, un buen número de alumnos y numerosas visitas institucionales me preguntan por qué la Universidad de Alcalá (UAH) cuenta con un Instituto de Estudios Norteamericanos. La respuesta es sencilla y, en cierta forma, anecdótica. Hubo un rector, Manuel Gala (entre 1984 y 2002), que había estudiado en EE.UU. y sentía una especial atracción y afinidad por todo lo relacionado con aquella nación americana. Gala entendió, antes que muchos otros, la importancia de mirar a los Estados Unidos con rigor académico y sin prejuicios. Aquel gesto inicial, nacido casi como una intuición personal, acabó convirtiéndose en un referente institucional (así lo quiero creer) de nuestra Universidad de Alcalá.
Para atraer universidades estadounidenses, creó el CENUAH (Centro de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá), origen del actual Instituto Franklin-UAH. Fue en 1987, casualmente el mismo año de mi incorporación al claustro de profesores de nuestra universidad. Decía Schopenhauer que el destino mezcla las cartas y que depende de nosotros jugarlas de una u otra forma. A mí me tocó aprender a jugar una mano que no elegí: aquel inesperado regalo de Gala que, sin saberlo ni pretenderlo, marcaría definitivamente mi carrera profesional en la universidad cisneriana.
El CENUAH servía, en sus inicios, como centro de acogida para universidades estadounidenses que traían a sus estudiantes de español como parte de su currículo académico. La UAH no tenía entonces muy claro el sentido ni la significación de un centro recurrentemente deficitario y llegó incluso a plantearse su cierre, tal como ocurrió con su homólogo dedicado a Europa. Además, las universidades públicas siempre hemos sido reticentes a aceptar formas de enseñanza o investigación que no se ajusten estrictamente a los reglados patrones oficiales de docencia. El paso de Centro de Estudios a Instituto Universitario de Investigación, en 2001, supuso un cambio decisivo en su desarrollo. En ese momento se abrió un mundo de posibilidades, pero resultaba imperativo modificar su sistema de financiación (o, más exactamente, de autofinanciación), ya que los estatutos de la UAH establecían expresamente esa obligatoriedad.
Para consolidarse, el Instituto debía contar con un programa propio, al que se acogieran todas las universidades participantes, y adoptar un nombre fácilmente identificable. Si el acrónimo CENUAH resultaba impronunciable, el de IUIEN (Instituto Universitario de Investigación en Estudios Norteamericanos) era incluso peor, hasta el punto de que ni siquiera aparecía correctamente escrito en algunas de las cartas que recibíamos de la embajada de EE.UU. En 2009, el Instituto incorporó el nombre de Benjamin Franklin y, a partir de entonces, comenzó a ser conocido como el Franklin.
'STUDY ABROAD' y 'TEACH AND LEARN IN SPAIN'
El tránsito desde el antiguo modelo (en el que, a modo de pequeños reinos de taifas, cada universidad estadounidense tenía su propio programa) al nuevo modelo, en el que era la UAH la que ofrecía un programa común que debían adoptar las universidades, fue doloroso y complicado, pues algunas optaron por buscar centros que les permitieran mantener su independencia. Sin embargo, la opción elegida resultó ser mucho más atractiva y beneficiosa para nuevas universidades que buscaban programas en España. El programa Study Abroad in Spain, que es como pasó a denominarse nuestro programa común, recibe anualmente alrededor de 400 estudiantes de una veintena de universidades con las que la UAH ha firmado convenios previamente y cuyos créditos son automáticamente reconocidos en las universidades de origen.
Otro programa fundamental para la financiación del instituto es el Teach and Learn in Spain, que incluye los másteres de Formación Continua (también para estudiantes anglosajones) y que en momentos críticos (la pandemia) garantizó la supervivencia del Instituto sin necesidad de prescindir de un solo trabajador. El curso pasado recibimos, en total, más de 600 estudiantes internacionales; y en este 2026 esperamos superar la cifra de 700.
La independencia financiera y los buenos resultados económicos posibilitaron la convocatoria de becas de investigación y formación de investigadores, así como becas y ayudas para estudiar en los EE.UU. También permitió financiar proyectos de investigación, establecer líneas editoriales de prestigio y consolidar una producción académica de referencia. La organización de congresos internacionales, seminarios, mesas redondas y conferencias plenarias de destacadas figuras norteamericanas que visitan España forma igualmente parte de nuestro cometido. El pasado 2025, el Franklin dedicó más de 250.000€ a financiar el departamento de investigación, y este año esperamos superar los 300.000€. En el ámbito internacional el Instituto forma parte de la American Studies Network, siendo en la actualidad uno de sus miembros más destacados, y sede de HispaUSA (Asociación Española para el Diálogo y Estudio de las Culturas Hispanas en Estados Unidos).
EL PREMIO CAMINO REAL
La creación, en 2010, de un Consejo Asesor integrado por relevantes personalidades del mundo empresarial español dotó al Instituto de una proyección que trascendió los muros del Colegio de los Trinitarios donde tiene su sede. En buena medida, gracias al galardón Camino Real, siempre entregado por Felipe VI a un español que ha potenciado de manera relevante la imagen de España en Norteamérica. Nada tiene de pretencioso afirmar que el Franklin se ha convertido en el centro de referencia en España sobre temas relacionados con los EE.UU., con intervenciones casi diarias en medios de comunicación tradicionales (televisión, radio, prensa escrita...) y alternativos.
Desde la perspectiva de los 40 años de historia del Franklin, todo parece obedecer a una lógica que, en la década de los 80, tal vez resultaba visible únicamente para Gala. Lo que comenzó como una iniciativa incierta, casi marginal, se ha convertido en referente de americanistas españoles y europeos. En el ámbito personal, he descubierto que algunas de las mejores bazas en nuestras vidas son, precisamente, aquellas que uno nunca planificó.