Os escribo para compartir con vosotros una gran alegría. La alegría de saber que formamos parte de una universidad que late con humanidad, con vocación social y con una mirada amplia hacia un mundo más equitativo. Precisamente por eso, quería acercaros una experiencia que año tras año confirma esa manera de ser universidad: el voluntariado internacional, una vivencia que cambia trayectorias, abre horizontes y crea vínculos reales entre personas y culturas.
Y si hay algo que me gustaría que quedara claro es que el voluntariado internacional no es ir fuera. No es un viaje, ni una anécdota, ni un paréntesis en la vida académica. Es, sobre todo, una escuela de mirada y de escucha. Quien participa vuelve con una forma distinta de entender su profesión y también su papel como persona. Se aprende a trabajar con equipos diversos, a comunicar en contextos nuevos, a tomar decisiones con sensibilidad hacia la realidad local y a comprender que la cooperación solo funciona cuando se construye desde el respeto, la humildad y la corresponsabilidad. Esa es, para mí, la parte más valiosa el aprendizaje profundo que no se memoriza, sino que se hace propio.
Nuestros estudiantes han colaborado en proyectos sociales, educativos, ambientales, muchos de ellos vinculados a la promoción de derechos y al fortalecimiento de capacidades locales. En estas experiencias, lo esencial es sumar capacidades sin imponer, acompañar sin sustituir y aprender sin prejuicios. Y esto no es un detalle menor. Exige un plus de sensibilidad, preparación y cuidado. Supone llegar con actitud de servicio, con rigor y con una gran capacidad de adaptación, siempre desde el respeto a los ritmos, prioridades y liderazgos locales.
Detrás de cada plaza, destino y experiencia de voluntariado hay un elemento clave que a menudo pasa desapercibido: la responsabilidad social de las personas tutoras. Son quienes preparan la salida con realismo, acompañan el proceso durante la estancia velando por el bienestar del estudiante y la calidad de su contribución y guían la reflexión al regreso para convertir las vivencias en aprendizaje compartido.
La vocación de voluntariado se concreta con claridad en el Programa de Voluntariado Internacional de las Universidades Públicas de la Comunidad de Madrid, impulsado de forma conjunta por las seis universidades públicas madrileñas y con el apoyo del gobierno regional. Este programa facilita el desarrollo de proyectos en América Latina, África y Europa del Este, en colaboración con entidades y contrapartes locales.
Además, me parece importante destacar algo que nos enorgullece. En la última edición, la Universidad de Alcalá ha desempeñado un papel de coordinación dentro del programa, dado que nuestra universidad ha tenido el honor de tener la presidencia de la Conferencia de Rectores de las Universidades Madrileñas (CRUMA) a lo largo de 2025. Dicho de forma sencilla, no solo participamos, también hemos ayudado a articular el trabajo en red, a ordenar procesos comunes y a sostener desde dentro una iniciativa que muestra lo mejor de la universidad pública cuando coopera.
Acto de cierre de la edición de 2025
En consecuencia, me emociona especialmente el encuentro que tenemos por delante y al que estáis todos invitados. El próximo 19 de febrero, a las 10:00, en el Rectorado de la UAH, vamos a compartir las experiencias y los resultados de 30 estudiantes que han podido vivir esta edición. Será un acto para escuchar sus voces en primera persona y para conocer lo que aprendieron, lo que les sorprendió, lo que les costó, lo que aportaron y lo que se traen de vuelta. Será también una oportunidad para reconocer el trabajo de quienes han estado sobre el terreno y de quienes han acompañado desde aquí.
Permitidme cerrar con una frase que siempre me parece luminosa, porque lo dice todo con una sencillez preciosa: “La solidaridad es la ternura de los pueblos.” Lo expresó Gioconda Belli, conocida internacionalmente por su obra literaria y como defensora de la libertad y los Derechos Humanos, y creo que describe con exactitud lo que se pone en marcha cuando una estudiante o un estudiante cruza una frontera no para salvar a nadie, sino para encontrarse, aprender, colaborar y volver con una mirada más humana.
Os invito a participar activamente, a acercaros, a preguntar y a informaros. Continuemos fortaleciendo una Universidad comprometida con la responsabilidad social, la inclusión, la equidad y la sostenibilidad; una institución que mira al mundo con cercanía y con un firme compromiso con el bienestar común, sin dejar a nadie atrás.