Verónica Sierra Blas
, profesora del Departamento de Historia I y Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras, y coordinadora del
SIECE, es la responsable del proyecto ‘Palabras en el tiempo’, que tiene como fin conservar y estudiar los mensajes, escritos y otros objetos que los visitantes han depositado en la tumba del poeta Antonio Machado, en Collioure.

Antonio Machado partió de España, como muchos otros, con las consecuencias de la guerra civil a sus espaldas. El poeta falleció en Collioure el 22 de febrero de 1939 tan ligero de equipaje que, por no tener, ni tumba propia tuvo hasta el año 1958. Pero eso, o quizá por eso, o a pesar de eso, no ha sido motivo ni razón para el olvido... A día de hoy Machado sigue siendo un símbolo y genera en quien lee su poesía la misma emoción, la misma complicidad, la misma solidaridad.

Algunos escritos.

Un buzón al lado de la tumba y la implicación de unos pocos, los justos y necesarios -Miguel Martínez y Paul Combeaud inicialmente; Soledad Arcas en los últimos tiempos-, todos ellos miembros de la Fundación Antonio Machado de Collioure, han hecho posible el proyecto que hoy nos ocupa: ‘Palabras en el tiempo’, integrado además por las alumnas de Tercer Ciclo y colaboradoras del SIECE, Carmen Serrano Sánchez y Guadalupe Adámez Castro.

El fondo documental que conserva y estudia el proyecto contiene en estos momentos más de 6.000 mensajes escritos en diferentes soportes que presentan, además, una amplísima variedad tipológica. Todos ellos han sido depositados durante décadas por las personas que han visitado la tumba de Machado.

Este proyecto es, como algunos de los grandes acontecimientos de la historia, fruto de varias casualidades. Primero, Carmen Serrano vio un reportaje en televisión que mencionaba cómo la tumba de Machado se había convertido con los años en un pequeño ‘altar’ en el que los visitantes dejaban sus plegarias, sus agradecimientos, sus mensajes de admiración hacia el poeta. Después, Verónica Sierra coincidió en Salamanca, durante un congreso, con Quéti Otero, hija de una refugiada española, que también le habló de la tumba de Machado y la puso en contacto con Soledad Arcas; y, finalmente, la profesora Sierra decidió conocer in situ la tumba de Machado y, junto con Soledad, acordaron rescatar todos los documentos y objetos que, desde la década de 1980, habían recopilado Miguel Martínez y Paul Combeaud, ‘ángeles de la guarda’ del fondo documental.

“El Ayuntamiento de Collioure, a petición de la Fundación Antonio Machado y de quien por entonces era su presidente, el artista Manolo Valiente, puso el buzón, y desde entonces, Miguel y Paul han sido los que se han encargado de recoger el material año tras año. Estaba todo en sus casas, guardado en cajas y bolsas. Gracias a ellos se ha conservado todo lo que hoy tenemos y gracias a ellos ha sido posible que este material se convierta en un fondo documental”, explica Verónica Sierra Blas.

En apenas unos meses, la profesora Sierra y la Fundación Antonio Machado consiguieron que el Ayuntamiento de Collioure se implicase en el proyecto. “Les dijimos que habíamos pensado traernos el material a la UAH para conservarlo e investigarlo y enseguida se pusieron a nuestra disposición, ofreciéndonos depositarlo en el Archivo Municipal, porque temían quedarse fuera de la iniciativa y que esos documentos salieran del pueblo, donde Machado es muy querido y admirado, además de formar parte de su historia”.

Hasta el momento, el trabajo de esta investigadora de la UAH y sus colaboradoras ha consistido en la ordenación y catalogación de la ingente documentación que se ha ido almacenando y, ya en esta labor, previa a la futura investigación, los resultados están siendo sorprendentes.

Más escritos.

Antonio Machado se ha convertido para algunos en una especie de santo secular al que se le hacen plegarias.

“Apreciado y recordado Antonio: nuevamente de visita nos acordamos de ti y deseamos que intercedas por nosotros, tú que estás en posición ventajosa, para que nos guíes y nos concedas la dicha de acertar una buena quiniela”. Rafael.

También es, para otros, un cupido protector al que solicitar ayuda para el mal de amores... “Le pido ayuda para no sufrir de amor. Espero que cuando me llegue el día del último viaje estaré con alguien que usted apruebe...”. Iñaki.

Muchos, se limitan a agradecerle su poesía: “Soy una chica de 14 años y vengo de Alcalá de Henares. Hemos recorrido tus pasos y los de tu gran amor, Leonor, por las calles de Soria, Francia, Madrid..., y nos queda recorrer los caminos de Sevilla. Gracias por tus poesías, gracias”. Mónica.

Y otros muchos recuerdan, aunque sea en una sola línea, su compromiso con la libertad y la justicia: “A ti, que diste la vida por la libertad”. Familia M. L.

Los menos, pero también hay numerosos testimonios, le escriben cartas. Da igual el soporte, un pequeño mantel de papel sirve para dejar por escrito los sentimientos más íntimos:

La tumba, repleta de objetos.

“Cuántos años han pasado, cuántas privaciones, cuántos sufrimientos para ir a morir en una tierra a la que quisiste tanto como a tu Soria o a tu Sevilla... Aquí las cosas han cambiado, pero no tanto para que se destrozaran tantas vidas... Todos los que amamos la libertad nos acordamos de tu patio de Sevilla, pero ahora no florece el limonero...”.

Y, desde luego, en la tumba y en el buzón, no faltan los objetos de todo tipo: recortes de prensa, libros del propio poeta, folletos de jornadas y seminarios dedicados a su poesía, dibujos (muchos de ellos infantiles), trabajos escolares y lo que el equipo de investigación denomina ex votos, tales como estampas de santos, ropa, piedras escritas, collares, trozos de corteza de olmos de Soria, saquitos de tierra procedentes de España, flores de tela y de papel, placas –una de ellas de la UAH, por cierto-. Hasta un guante con el símbolo masón se guarda en este fondo documental.

Lo más sorprendente para Sierra Blas es la devoción que han podido percibir hacia el poeta. “Es una devoción laica, desde luego, pero es evidente que mucha gente acude a la tumba de Machado con la concepción de que se trata de un santo, creyéndole capaz incluso de comunicarse con otros muertos y de conceder deseos”.

Más allá de este fenómeno, la profesora de la UAH indica que “es un fondo muy importante para comprender la repercusión de la obra poética de Machado”, sobre todo porque muestra hasta qué punto forma parte de la memoria colectiva y hasta qué extremo sigue siendo un poeta conocido, uno de los más populares.

Asimismo, hay que resaltar la concepción de la figura de Machado como símbolo del exilio español. “Muchos mensajes son de denuncia y de reconocimiento a de los exiliados españoles, reivindican sus nombres y exigen justicia”.

La visita de la tumba de Machado forma parte, muchas veces, de una ruta de peregrinaje que empieza en Sevilla, pasa por Baeza, Segovia, Madrid, Soria, y termina en Collioure y, desde luego, siempre, en todos los casos, es un homenaje a su obra y su persona.

Algunas de las cartas.

La investigadora asegura que este fondo documental, fruto de este fenómeno de peregrinaje popular, es extraordinario, tal vez sólo comparable en España con el llamado Archivo del Duelo del CSIC, en el que se recogen los escritos dejados en las estaciones de RENFE tras los atentados del 11M, y próximo, aunque muy de lejos, a lo que sucede en la tumba de Bécquer, en el Panteón de Sevillanos Ilustres.

Camino se hace al andar.... y este proyecto tiene aún muchísimo recorrido. La recopilación y la catalogación son sólo los pasos previos a una labor de investigación ingente que tiene por delante el equipo que lidera Sierra Blas. Por suerte, un Contrato de Investigación Art. 83 LOU entre el Ayuntamiento de Collioure, la Fundación Antonio Machado y la UAH va a hacer posible que este fondo documental siga vivo, madure y se convierta en un medio valiosísimo para analizar la repercusión del poeta sevillano no sólo en la historia de nuestra literatura, sino también en la de nuestro exilio.

A veces, las casualidades, desde luego, generan grandes acontecimientos....