Así nació, se expandió y murió (o no) el proyecto de cooperación de la UAH que cambió Centroamérica
Los profesores Armando del Romero y Fernando Cerezal, que coordinaron durante tres décadas, han presentado una Memoria del proyecto de colaboración entre la Universidad de Alcalá y la UNAN-León nicaragüense, en el que colaboraron cientos de profesores y estudiantes entre 1988 y 2018
Si no fuera porque no tiene un final feliz, podríamos decir que la historia de cómo se hermanaron la Universidad de Alcalá (UAH) y la Universidad Nacional de Autónoma de Nicaragua (UNAN-León) es una historia idílica. Es la historia de cómo una universidad pública madrileña en plena reconstrucción desde las ruinas centenarias de su pasado glorioso estrechó lazos con la universidad nicaragüense, la última fundada por España en América, que intentaba resurgir también. En su caso, sobre las cenizas de más de diez años de revolución, enfrentamiento político y guerra civil.
La historia de cómo la una y la otra comenzaron a trabajar juntas desde la convicción compartida de que el conocimiento es la herramienta de transformación más poderosa que existe. Y arrojaron luz y progreso durante tres décadas antes de que la llama volviera a apagarse. Porque este relato idílico, efectivamente, no tiene un final feliz. O quizás sí, pero su última página aún está por escribirse...
UNA RECONSTRUCCIÓN ESPIRITUAL
La primera página empezó a garabatearse hacia 1988, entre los últimos compases del primer gobierno sandinista liderado por Daniel Ortega y el inicio de la presidencia de Violeta Chamorro (1990). "Eran años difíciles, porque todavía estaban ahí las consecuencias de diez años de guerra civil. La Universidad había sido casi destruida, desmantelada producto del esfuerzo de la guerra”, recuerda Ernesto Medina, que fuera rector de la UNAN-León entre 1994 y 2006. “Y eran los años también de resolver las secuelas de la crisis económica en el país, con políticas neoliberales muy claras que amenazaban el espíritu de la universidad, porque pretendían ponerla al servicio de las necesidades del mercado cuando lo que necesitaba el país era una reconstrucción espiritual”, añade.
Justo en aquel momento, un grupo de profesores universitarios españoles acudió a Nicaragua para participar en un curso en varias universidades del país. Entre ellos estaba Fernando Cerezal, por entonces profesor y después catedrático de Filología Inglesa en la UAH, que acabó siendo uno de los principales impulsores y coordinadores del proyecto de cooperación con la UNAN-León. Otro de ellos, Armando del Romero, catedrático de Astrofísica de la UAH.
Ambos pasaron hace años a ser profesores eméritos y han aprovechado para recopilar los retazos de aquella experiencia pionera, los planes de trabajo, la enumeración de logros, las fotografías, los logros y los sinsabores… Los han condensado en una memoria que ha sido depositada en el Archivo General de la UAH y puede consultarse, en una versión resumida, desde la web del #HubUAH Comprometida.
Más de 600 profesores y más de 300 estudiantes
“Las personas que participaban en el proyecto se implicaban solidariamente, porque no había una remuneración para ese trabajo, lo hacían desde la vocación y el compromiso de transformar la universidad”, explica Cerezal. “Y fuimos más de 600 profesores y más de 300 estudiantes”, especifica Del Romero.
Todo ello fue posible porque coincidieron en el tiempo la visión y el impulso pionero de Medina, por el lado de la UNAN-León, y Manuel Gala, por entonces rector de la UAH; en un momento en que la cooperación se entendía de una manera muy diferente.

El rector Gala posa con miembros del Programa de Cooperación con Nicaragua, en el Rectorado de la UAH (Año 2000).
“Muchos de los conceptos actuales en este terreno nacieron en ese momento, aprendiendo unos de otros mediante una comunicación horizontal, pensando que la universidad puede ser un motor de transformación social, apostando por la educación para el desarrollo...”, argumenta Elena Campo, directora de Cooperación Internacional Académica de la UAH y protagonista, también en primera persona, de toda aquella aventura nicaragüense. “Nosotros lo aplicábamos porque veíamos que era lo que funcionaba, porque respondíamos a necesidades reales”, añade.
Que en Nicaragua la corrupción era una lacra y había que sentar las bases sólidas del estado de derecho, allá que iban profesores de ciencias jurídicas de la UAH a formar a las élites políticas del país centroamericano. Que lo que se necesitaba era mejorar la producción de las cosechas agrarias, se tiraba del conocimiento de microbiólogos, ambientalistas… Y lo mismo con la física, la enseñanza del inglés, la economía y la administración de empresas, las humanidades…
Transformar la realidad desde el conocimiento
A través del conocimiento, la UAH hacía por la UNAN-León aquello que decía Thomas Jefferson: “Quien recibe una idea de mí, recibe instrucción sin disminuir la mía; igual que quien enciende su vela recibe luz sin que yo quede a oscuras”. Y los resultados no tardaron en llegar. “Los temas de medio ambiente eran totalmente nuevos en Nicaragua, donde había habido una depredación ambiental terrible; pero se desarrolló una mentalidad que convirtió a UNAN-León en pionera y líder en temas de conservación ambiental, de control integrado de plagas…”, ejemplifica el ex rector Ernesto Medina.
Y ello pese a que hubo que empezar a construir esa nueva realidad muy desde la base, como explica Fernando Cerezal a partir de la experiencia personal en la materia que él mismo impartía: "No había equipo, ni libros, ni formación de profesores. Es decir, hubo que generar el programa desde el principio porque no había personas que pudiesen impartir inglés con un mínimo de calidad”.
Otra metáfora que explica el efecto multiplicador que tenía aquel modelo en la transformación del país es la de la semilla. Cada alumno que pasaba por las aulas se acababa convirtiendo en profesor de una nueva generación de alumnos. “Eran proyectos docentes de formación intensiva en una materia y las personas que se beneficiaban de ellos luego se quedaban en el país, así que no había fuga de talento, sino efectos replicables”, apunta Campo.
Una inversión millonaria... con mucho retorno
Fruto de la apuesta institucional que hicieron Manuel Gala y Ernesto Medina, se invirtieron varios millones de euros en este hermanamiento de universidades durante los años que duró. Pero la inversión total fue mucho mayor que la que se puede contar en euros del presupuesto directamente dedicados a la iniciativa.
“Si multiplicamos el tiempo de dedicación por el salario medio de los profesores que participaban, que era el de un profesor titular, pues la aportación de los profesores era equivalente a la financiera”, subraya Armando Del Romero. Eso, por el lado de la UAH, pero la UNAN-León también hacía un enorme esfuerzo paralelo: “Recogía a los profesores en el aeropuerto, los mantenía durante semanas, costeaba los desplazamientos… Todo eso, para el presupuesto de la UNAN-León, es un gasto tremendo”, afirma el propio Del Romero.

Encuentro de estudiantes de la UAH y la UB en la ONG Cordes de El Salvador (año 2007).
Pero un elemento clave de la colaboración era, precisamente, que la UAH no solo no quedaba a oscuras cuando arrimaba su vela a la nicaragüense, sino que recibía un potente destello de luz de vuelta. “Los beneficios fueron mutuos”, sostiene Fernando Cerezal. “La institucionalización de la cooperación en la Universidad de Alcalá permitió que se concienciara a la comunidad universitaria sobre la importancia del compromiso solidario y la educación para el desarrollo”, añade. Educación en valores, transferencia del conocimiento, compromiso… La mejor cara de la universidad.
La expansión por Centroamérica
Se ha anunciado desde la primera línea del reportaje que este cuento de hadas no tiene un final feliz, pero antes de acabar mal, si es que ha acabado, el sueño aún extendió mucho más sus alas. “En 2006, siendo ya rector Virgilio Zapatero, se trianguló, se hizo multilateral y empezó a tener impacto en toda la región”, explica Elena Campo. De esta forma surgía la Red Universitaria de Cooperación para el Desarrollo de Centroamérica (Red GIRA), a la que se sumaron inicialmente el Instituto Tecnológico de Costa Rica, las dos universidades públicas de Honduras (Nacional Autónoma y Pedagógica Nacional), la Complutense y la universidad comunitaria BICU de la Costa Atlántica de Nicaragua.
Y el proyecto alcanzó tal dimensión regional y tanto impacto, que hasta se obtuvo financiación europea. “En 2007, primero, y después en 2012, se consiguen dos proyectos de casi un millón de euros para mejorar la educación superior en Centroamérica”, expone la directora de Cooperación Internacional Académica de la UAH. “Uno de ellos pretendía identificar las necesidades que detectaban los gremios o los empresarios para facilitar la inserción laboral de los estudiantes; y el otro estaba orientado a medir la calidad de las titulaciones. Todo con la idea de mejorar".

Facultad de Ciencias de la UNAN-León. Mariza Vargas, responsable de la nueva Oficina de Cooperación Española (sentada en el centro), posa con los egresados de la II edición de la Maestría y del Posgrado en Didáctica de la Física y sus tutores nicaragüenses. (Año 2000)
Y así es como el tren de esta historia llega al punto en el que descarrila. En 2015, Fernando Cerezal renunció al puesto de coordinador del Plan de Cooperación Centroamérica UAH sin que hubiera un relevo generacional ni para él ni para otras muchas personas que se habían implicado en el proyecto. A ello se sumó, en la misma época, el viraje político en Nicaragua, un país acostumbrado, en las últimas décadas, a dar tumbos entre el populismo revolucionario y el liberalismo extremo. Esta vez, sin embargo, el nuevo clima político pasó a ser incompatible con el proyecto de cooperación UAH-UNAN-León.
Declive y muerte del proyecto
No se puede explicar mejor aquella nueva coyuntura que como lo hace Armando del Romero en la posdata a su resumen de la Memoria:
“En las fechas de acabar de redactar la memoria (noviembre 2024), el régimen político de Nicaragua, devenido en una dictadura bicéfala de su presidente Daniel Ortega y su vicepresidenta Rosario Murillo, tanto monta monta tanto, ha suprimido la autonomía de las universidades públicas (académica, económica y administrativa) y ha ilegalizado y confiscado los bienes de 27 universidades privadas, entre ellas a la Universidad Centroamericana (UCA) la más prestigiosa del país. Entre las primeras, el ex rector de la UNAN-León, Ernesto Medina Sandino, que la lideró durante 12 años (1994- 2006), firmante del Hermanamiento con la Universidad de Alcalá, ha tenido que exiliarse y ha sido privado de su nacionalidad ("desnacionalizado") y de todos sus bienes personales. Y la mayoría, si no todos, de los profesores y técnicos de administración que no se afiliaron al partido sandinista –‘danielista’- o se jubilaron o fueron despedidos sin justificación ni derecho a la posibilidad de defensa, recogido en los estatutos de la universidad, que han suspendidos de facto".
Sin libertad no hay universidad, y sin universidad no hay libertad. El acta de defunción del proyecto de cooperación se firmó en 2018, 30 años después de que todo empezara, aunque Ernesto Medina, Armando del Romero, Fernando Cerezal y Elena Campo se aferran a la posibilidad de que este revés sea solo una parada en mitad del camino. Que las semillas que sembraron sigan intactas y vuelvan a dar sus frutos cuando el clima del país vuelva a acompañar.
“La Universidad está llamada a desempeñar un papel importante en la construcción de la Nicaragua que tiene que surgir de estos años oscuros de dictadura”, alumbra Ernesto Medina. “Y a pesar de lo que se diga, yo creo que los jóvenes, llegado el momento, van a hacer lo correcto”. Palabra de rector. De rector desnacionalizado.
Publicado en: Reportaje
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