La misión espacial Solar Orbiter partirá en 2020 con tecnología desarrollada por investigadores de la Universidad de Alcalá

Viernes, 26 abril 2019 10:17

La principal contribución científica española a Solar Orbiter es el instrumento EPD, desarrollado por miembros del grupo de investigación SRG-UAH. La duración de la misión se prevé hasta 2025 y permitirá conocer más sobre el ciclo de actividad solar, sus emisiones de partículas energéticas y, sobre todo, hasta qué punto influye en el día a día de la Tierra.

El Sol es la estrella más cercana a la Tierra y es, también, la que resulta fundamental para el desarrollo y la permanencia de la vida en nuestro planeta. Sin embargo, los científicos desconocen muchas cuestiones sobre su funcionamiento y, especialmente, sobre la influencia que sus emisiones energéticas tienen en el Sistema Solar interior y en la Tierra.

Para tratar de entender mejor cómo funciona y cómo las tormentas solares afectan a la Tierra y a todo el Sistema Solar, la Agencia Espacial Europea (ESA), en colaboración con la NASA, pondrá en marcha en 2020 la misión Solar Orbiter, la que se acercará más al Sol de todas cuantas se han desarrollado.

El lanzamiento, desde Cabo Cañaveral, está previsto para el próximo mes de febrero y la misión se prolongará, inicialmente, durante 7 años, en los que el satélite obtendrá imágenes nunca antes vistas de nuestra estrella más cercana. De hecho, será el primero en hacer observaciones de los polos solares, puesto que llevará a bordo varios telescopios.

La ESA pretende que la misión capte detalles de 180 kilómetros de ancho (el ancho del disco visible del Sol es de 1,4 millones de kilómetros). La mayor aproximación al Sol será a unos 42 millones de kilómetros, más cerca que Mercurio, el planeta más cercano al astro. Esta cercanía a la estrella supondrá soportar temperaturas de más de 500oC, para lo que la nave cuenta con un escudo térmico especialmente diseñado para poder funcionar bajo esas condiciones.

Solar Orbiter va a enfrentarse a muchos retos. Además de las altas temperaturas, uno de ellos será su capacidad de operar autónomamente cuando su órbita lo lleve por detrás del Sol y, sobre todo, la variación a lo largo de la trayectoria que seguirá la nave. Para poder observar los polos del Sol, Solar Orbiter tiene que seguir una trayectoria inclinada respecto del plano en el que se mueven los planetas y, para conseguirlo, la nave pasará varias veces muy cerca de Venus, con el fin de aprovechar su gravedad para inclinar más y más la órbita del satélite alrededor de Sol.


Las partículas energéticas del Sol
Solar Orbiter está compuesto por varias unidades e instrumentos desarrollados por diferentes entidades internacionales. De los 10 instrumentos que lo componen, destaca el Detector de Partículas Energéticas (Energetic Particle Detector – EPD), desarrollado por miembros del grupo de investigación Space Research Group (SRG) de la Universidad de Alcalá, un complejo instrumento que estudiará la composición, los flujos y las variaciones de las partículas energéticas emanadas por el Sol.

Su investigador principal, Javier Rodríguez-Pacheco, catedrático de Astronomía y Astrofísica de la UAH, resume su objetivo en ‘los mecanismos que aceleran estas partículas y poder predecir los sucesos de tormentas solares’ con la suficiente antelación como para que sea posible tomar medidas preventivas. En esas tormentas, el Sol emite fulguraciones -que lanzan energía equivalente a 10 millones de bombas de hidrógeno- y lo que se conoce como eyecciones de masa coronal (CME), que emiten unos 10.000 millones de toneladas a una velocidad máxima de doce millones de kilómetros por hora, por lo que resulta importante su estudio para comprender mejor la influencia del Sol en nuestro planeta.

EPD es la principal contribución científica española a Solar Orbiter, además de la aportación de subsistemas claves de la nave y de la colaboración con Alemania en otro instrumento, el telescopio SO-PHI.

Desde el Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC) en Madrid se llevará a cabo, además, la planificación científica de la misión, la coordinación de las observaciones de los instrumentos, la recuperación de los datos obtenidos por Solar Orbiter, el análisis de dichos datos para identificar los mejores objetivos para nuevas observaciones y su archivo para que, después, puedan estar a disposición de la comunidad científica.

Los resultados que deje Solar Orbiter en los próximos años serán clave para entender los misterios del Sol y el Sistema Solar en su conjunto, hasta ahora desconocidos, sus secretos, cómo funciona o cómo afecta a la Tierra, para que podamos conocer mejor y predecir cualquier evolución futura, tanto de nuestro desarrollo como especie, como de la vida en nuestro planeta.

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