El cuidado de un hogar común: la Tierra

Viernes, 03 julio 2020
El cuidado de un hogar común: la Tierra Edificio Tai Da Plaza, diseñado por María Rosa Cervera, en Chengdú (China) inspirado en la estructura y geometría de los cáctus

María Rosa Cervera, Catedrática en Composición Arquitectónica y Directora del Máster en Proyecto Avanzado de Arquitectura y Ciudad de la UAH, es experta en arquitectura biónica, un modelo de construcción ligado a la biología y nos cuenta cómo esta podría ser de gran ayuda para las ciudades y casas post COVID-19.

Como relata María Rosa, la biónica es una ciencia que quiere aprender de los principios con los que las formas naturales se autogeneran y existen traspasando este conocimiento a la producción humana. Su objetivo es imitar la máxima eficiencia de la naturaleza, donde el ahorro de materia y energía son fundamentales para sobrevivir. ‘Tan solo, por poner unos ejemplos aplicables a la arquitectura, podemos citar cómo un hueso humano puede soportar hasta 9 toneladas, superando la capacidad del hormigón, o cómo un águila de gran envergadura minimiza su peso, no superando los 7 u 8 kilos, cambiando la proporción de calcio de sus huesos y aligerando con aire tanto su esqueleto como su plumaje’. Por ello, el avance en materiales que imitan la naturaleza y nuevos conceptos de las estructuras y de las formas, podrán abrir caminos hacia la reducción de la energía, tanto la embebida durante la construcción, como la consumida durante el uso de la edificación. Y es que la pandemia COVID-19 ha puesto de manifiesto distintos problemas: la cantidad de energía que consumimos, la sobreconstrucción y la superpoblación.

María Rosa asevera que el teletrabajo y la docencia on line ahorrarían entre un 20 y un 60% de muchos de los desplazamientos cotidianos, lo que conllevaría a la reducción del consumo de recursos fósiles, de emisiones nocivas, de tiempo inútil y a la vez se optimizaría el uso del vehículo privado, reduciendo su desgaste.

‘La llegada inminente de las tecnologías móviles llamadas 5G, con hiperconectividad, nos permitirán una comunicación fluida, ágil y de gran calidad que también debería redundar en la reducción de millas de vuelos, que tanto consumen y polucionan, y en la población llamada flotante que inunda las ciudades. Ahora bien, este modelo requiere una implantación generalizada de las tecnologías de la información a nivel no solo doméstico sino personal. El ciudadano no puede quedar excluido por falta de recursos o conocimientos. La sociedad inclusiva debe hacer un esfuerzo para que todos sus individuos, desde jóvenes escolares a adultos, accedan a la comunicación virtual con facilidad y medios’ puntualiza.

‘El equilibrio entre globalización y deslocalización se tendrá que replantear. Y se tendrá que analizar el nivel de autoabastecimiento de temas estructurales del país, garantizando los que afecten a sanidad, alimentación, agua, etc. Dentro de los abastecimientos básicos, uno de los más importantes es el de la energía’ afirma. Las ciudades son grandes consumidoras de la misma, según diversas fuentes hasta el 70% del consumo global. A nivel energético, España carece de petróleo y de gas, pero cuenta con el sol y con el viento, y está avanzada en la tecnología de energías renovables. ‘Por ello, y más allá de una obvia, imperiosa y viable reducción del consumo, un plan estratégico consistiría en minimizar la dependencia energética de recursos fósiles y de terceros suministradores y tender a usar los recursos propios, apoyados principalmente en fuentes renovables’ aconseja.

María Rosa Cervera
María Rosa Cervera

Por otra parte, la reducción de la extensión de la mancha urbana, junto con la integración de la naturaleza y del paisaje en la ciudad, se hace necesaria para controlar la sobreocupación del planeta por la especie humana, manteniendo el equilibrio con otras especies y con la Tierra.

‘El imparable crecimiento de la mancha edificada en el planeta se ha ido construyendo como reacción a las pandemias del XIX. No obstante, ya había muchos indicios de que esta ciudad no era capaz de dar respuesta satisfactoria a los parámetros del siglo XXI. Si hace dos siglos fue la pésima calidad del agua la que hizo la ciudad insana, hoy es la pésima calidad del aire la que anunciaba enfermedades respiratorias endémicas de la población urbanita. Cuestiones como la contaminación, el efecto isla de calor y el excesivo consumo de energía y de recursos, nos hacían pronosticar la necesidad de un cambio tajante de modelo urbano’ afirma María Rosa.

Las grandes multitudes, el hacinamiento y la falta de higiene han sido históricamente, y siguen siendo, como se ha demostrado con la pandemia COVID-19, causa de infecciones que han mermado la población. Como cuenta Cervera, ‘igual que como sociedad nos estamos disciplinando hacia nuevas medidas de higiene tales como el uso de la mascarilla, los edificios y grandes estructuras arquitectónicas tendrán que analizar los aspectos críticos que puedan afectar al contagio, así, cuestiones como ratios de m2 por uso según actividades, instalaciones que garanticen la máxima calidad del aire, materiales idóneos, reorganización de flujos, dimensiones amplias, etc. tendrán que ser tenidas en cuenta en la futura normativa sobre arquitectura, teniendo más en cuenta a la naturaleza’.

Para esta experta, los hogares del futuro deberán incorporar la naturaleza a su espacio para lograr una mayor calidad de vida y mejor salud del ciudadano. También en ellos habrá que compartir lo doméstico con lo laboral, destinando espacio a todos los aparatos dedicados a la telefonía y datos.

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