Verónica Sierra: ‘Las cartas en capilla de las Trece Rosas se concibieron durante la dictadura como símbolos de la lucha antifranquista’

Viernes, 27 marzo 2020

Verónica Sierra Blas es profesora del área de Ciencias y Técnicas Historiográficas en el departamento de Historia y Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAH

Es autora del libro Cartas presas. La correspondencia carcelaria en la Guerra Civil y el Franquismo (Marcial Pons). En esta entrevista habla de las cartas que las presas políticas en general, y las ’13 Rosas’ en particular, escribieron durante su reclusión.

-Para empezar… ¿Cómo eran las cárceles femeninas durante el franquismo?

La represión franquista adquirió formas muy diversas y se aplicó de modo sistemático y siempre contundente, pero fue diferente para los hombres y para las mujeres. Esta represión diferenciada implicó castigos específicos para ellas, como las violaciones, el rapado de pelo o la ingesta forzada de aceite de ricino, pero también una distinta concepción de los establecimientos penitenciarios, ya que se adoptó un modelo específico para recluir a las mujeres, el de la ‘prisión conventual’. Para el régimen franquista ser ‘roja’ y ser mujer eran sinónimos de subversión. Todas esas mujeres ‘descarriadas’ que habían salido a la calle a defender a la República debían ser castigadas y encerradas, pero, sobre todo, debían ser reeducadas, y las ‘prisiones conventuales’ constituían el lugar idóneo para ello, así como el trabajo y la religión los mejores instrumentos para su ‘redención’. 

-¿De qué delitos se les acusaba a las presas políticas?

La documentación oficial que se ha conservado ha permitido establecer una ‘tipología delictiva’ con connotaciones específicas derivadas de la condición de género y distinguir, como ha señalado, por ejemplo, Ángeles Egido. Por un lado, están aquellas mujeres apresadas durante la guerra o en su inmediato epílogo, las llamadas ‘anteriores’, a las que se atribuyen, fundamentalmente, delitos económicos y de responsabilidad subsidiaria o a las que se condena por inducción. Es decir, se trata o bien de mujeres que roban, estafan y se dedican al estraperlo o incluso a la prostitución para subsistir, porque muchas de ellas se han quedado al frente de la familia ante la ausencia de los varones; o bien de mujeres que pagan por lo que hicieron sus novios, maridos, padres, hijos, hermanos, etc., al no poder ser estos encontrados o castigados; o bien de mujeres a las que se acusa de incitar a los hombres a cometer diferentes delitos. Por otro lado, están las llamadas ‘posteriores’, hechas prisioneras ya en la posguerra o a lo largo de la dictadura, quienes a diferencia de las primeras, que generalmente no tienen o no confiesan tener una filiación ideológica, son encarceladas por su militancia y por su papel en la reconstrucción clandestina de sus organizaciones políticas o su apoyo a la guerrilla, siendo acusadas de delitos de rebelión y contra la seguridad del Estado, la propiedad, el orden socioeconómico o la moral, entre otros. 

-¿Cómo convivían en las cárceles las presas políticas con las presas comunes?

La convivencia entre presas políticas y presas comunes fue realmente difícil. Para entender las diferencias que existieron entre ambos colectivos tenemos que tener en cuenta que para el régimen franquista no había presas políticas en España, sino prostitutas y ladronas. Es decir, a las presas políticas no se les reconocía como tales, sino que se las tildaba de delincuentes, y esto es algo que a ellas les causó especial indignación y enfado; y por ello fue algo contra lo que se revelaron día tras día en el interior de las prisiones, pues no hacerlo implicaba borrar una parte de su vida y, sobre todo, verse despojadas de su ideología y de sus principios. Por eso pusieron tanto empeño en diferenciarse de las presas comunes y tuvieron con ellas tantos enfrentamientos, pues unas y otras entendían el mundo de modos muy distintos y tenían costumbres, hábitos, comportamientos, intereses y deseos igualmente muy diferentes. 

-Usted ha investigado cómo las mujeres, y un caso más concreto, las 13 rosas, llevaban a cabo su acción política dentro de la cárcel o, al menos lo intentaban, y eso se percibe mediante sus escritos, sobre todo en sus cartas en capilla...

Frente a esta criminalización de la que fueron objeto por parte del franquismo, las presas políticas se empeñaron en demostrar que su escarnio, su encarcelamiento o su asesinato no eran consecuencia de haber cometido ningún crimen, sino que eran debidos únicamente al hecho de haber perdido una guerra, pensar de forma diferente a la de los vencedores y representar un modelo de mujer contrario al nacional-católico. Las prisiones de mujeres, como ocurrió también en el caso de las cárceles masculinas, se convirtieron en ciudades clandestinas donde las presas siguieron luchando por sus ideas desde dentro, a pesar de tener todo en contra: continuaron formándose como militantes, celebraron talleres y reuniones, elaboraron boletines y periódicos… Y esta actividad política desarrollada en la sombra ha quedado registrada en la documentación que produjeron durante su encierro, especialmente en sus cartas en capilla. 

De entre las escritas por las ‘presas de Franco’ las más conocidas son las que redactaron las Trece Rosas en la capilla de la Prisión de Ventas en la madrugada del 5 de agosto de 1939. Estas cartas son un excelente ejemplo de esta lucha que las presas políticas sostuvieron hasta el final para librarse del estigma de ‘rojas’ y de la condición de criminales que estratégicamente el franquismo les impuso. A diferencia de otras cartas similares, que fueron escondidas por las familias de las condenadas a muerte para evitar represalias, que se acabaron perdiendo en huidas precipitadas y lugares a los que no se pudo volver o que nunca llegaron a manos de sus destinatarios/as por motivos muy diversos; las que escribieron las Trece Rosas -sobre todo las de Julia Conesa y a Dionisia Manzanero- enseguida adquirieron una dimensión pública y se concibieron durante la dictadura como objetos de culto y como símbolos de la lucha antifranquista, pasando ya en democracia a ser utilizadas como pruebas para denunciar los crímenes de los vencedores y convirtiéndose en objetos de memoria colectiva y ejemplo de reparación de las víctimas.

-La cárcel, la proximidad de la muerte, ¿las convierte en más mujeres que activistas políticas o, al contrario, hace que sus ideas se refuercen?

Lo segundo, desde luego. Las presas políticas se despiden en sus cartas de sus padres, de sus hermanos, de sus compañeros, de sus hijos…, hacen balance de su vida, piden perdón por haber fallado a los suyos, intentan consolarles, les agradecen todo lo que les han dado, dejan constancia de sus últimas voluntades …, pero sobre todo, antes de morir lo que quieren es dejar constancia de su inocencia, defenderse, negar los delitos que se les imputan, y por supuesto reafirmar sus ideas, expresar su deseo de que no se les olvide y pedir que se haga justicia. ‘Que mi nombre no se borre en la historia’, es la hoy archiconocida posdata que añadió Julia Conesa a su carta aquel fatídico 5 de agosto de 1939… 

-Imaginamos que hubo muchas más 13 rosas, aunque no fueran tan conocidas ni hayan quedado en la memoria...

Claro… Muchas más… Las Trece Rosas han pasado a la historia porque se convirtieron en su momento y posteriormente en símbolos de denuncia y de reivindicación, porque su caso despertó una gran polémica y rechazo en todo el mundo (huelga recordar que algunas de ellas eran menores de edad), y ello las ha convertido después en protagonistas de numerosos trabajos de investigación, pero también de múltiples exposiciones, películas, documentales, novelas, canciones, cómics, monumentos, placas… Pero muchas otras mujeres pasaron por lo mismo que ellas. Algunas no pudieron contarlo, pero otras sí, y sus cartas, sus memorias, sus diarios, sus autobiografías o sus relatos orales constituyen documentos de valor incalculable para los historiadores e historiadoras, pero también para la sociedad en general, pues gracias a ellos resulta posible conocer la historia de nuestro país en aquellos años convulsos, oscuros y tristes, y desvelar ese otro pasado que ha sido ocultado, manipulado y/o tergiversado durante tantos años y que hoy permite devolverles a las víctimas su dignidad, reparar su memoria y pedirles perdón.

Siempre en esta linea, Verónica ha colaborado en distintas actividades con motivo del día Internacional de la Mujer, como por ejemplo en la conferencia titulada 'Una arma cargada de futuro: las cartas en capilla de las trece rosas y la lcuha por la memoria de las presas del franquismo' que organizó la Universidad de Granada.

*Fotografía: Verónica Sierra Blas en la presentación de su libro Cartas presas en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca el 29 de septiembre de 2016. Fotografía de Alberto Martín..

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