Peter Handke, el Honoris de la UAH que alcanzó el Premio Nobel de Literatura

Viernes, 29 noviembre 2019

Desde que se dio a conocer el fallo del Premio Nobel de Literatura 2019 se han multiplicado los perfiles, las opiniones y las controversias en torno al escritor austríaco, Peter Handke, Doctor Honoris Causa de la UAH. Pasada la nube de la noticia, el profesor de Filología, Georg Pichler, nos ayuda a delinear los perfiles de este autor.

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Georg Pichler.

En el fallo, el jurado de la academia sueca otorga el Premio Nobel de Literatura a Handke, de 76 años, ‘por un trabajo influyente que, con inventiva lingüística, ha explorado las periferias y la especificidad de la experiencia humana’. El autor de títulos como 'Desgracia impeorable' o 'El miedo del portero al penalty', también se enamoró de España y de la lengua castellana y es esa faceta la que explora el profesor de la UAH.

-Profesor, ¿quién es Peter Handke?
-Handke era ya a los 25 años una estrella de la literatura. Era casi imposible, en mis años universitarios, no leer a este autor. Confieso que su literatura no me entusiasmó mucho al principio, pero después empecé a fijarme más en él y a escribir sobre él y su obra me ha acompañado a lo largo de toda mi carrera docente e investigadora. Es un autor muy prolijo, que escribe novelas, obras de teatro, libros de viaje, ensayos… En sus orígenes era una gran estrella pop y después madura y se vuelve más reflexivo, habla de arte, de literatura… y comienza a viajar y se topa con España… Sus libros más largos hablan de España, ‘La pérdida de la imagen’ tiene centenares de páginas. Es cierto que a veces es complicado seguirle en su relato, pero ha conseguido un estilo propio y es un autor absolutamente vigente.

-¿Cómo es la literatura de Handke?
-La literatura de Handke es la consecuencia de su propia vida. Se permite el lujo de hacer lo que quiere con el lenguaje y tiene la suerte de vivir de ello. Es un Nobel merecidísimo por la influencia que ha tenido su obra en la literatura alemana y a nivel internacional.

-¿Qué le atrae de España?
-Sobre todo, el paisaje. Él tuvo una época en la que era nómada, no tenía casa, viajaba de un lado a otro, escribiendo y dibujando en sus libros de notas. Él llegó primero a Galicia y en la Semana Santa de 1989 recaló en Linares (Jaén), hasta que en las Navidades de 1989 llegó a Soria. Ese fue su primer gran encuentro con España, se quedó prendado con el pórtico de la iglesia de Santo Domingo, y descubrió a Antonio Machado, que le ha acompañado a lo largo de su carrera. Le gusta el paisaje árido, seco, de las Castillas, sobre todo Castilla-León, porque se asemeja al paisaje de la tierra de su madre eslovena. Enlaza con su origen, por tanto. Habla de Toro, de Zamora, de las Tablas de Daimiel…

-Y somos la única universidad española que le ha nombrado Doctor Honoris Causa…
-Sí. Él disfrutó mucho de la ceremonia, casi teatral, del Honoris Causa y para la UAH, antes y después del Nobel, es un gran honor contar con un autor de su trascendencia literaria.

-¿Cómo cree usted que él está viviendo la avalancha del Nobel?
-Creo que está sufriendo un poco. Es una persona muy solitaria, que disfruta con el anonimato, y esta publicidad le gusta, pero lo que conlleva no tanto.