'El acento es un potente generador de identidad individual y grupal'

Jueves, 22 octubre 2020

Florentino Paredes García, doctor en Filología Hispánica y catedrático del departamento Filología, Comunicación y Documentación de la Universidad de Alcalá, comenta en uah.es noticia cómo influye el acento en los procesos de comunicación. 

- Profesor, a menudo aparecen en los medios de comunicación noticias sobre conflictos que plantea el acento de un determinado personaje o sobre lo bueno o malo que es tal o cual acento del español, así que nos interesa mucho este tema. Pero empecemos por el principio: ¿qué es exactamente el acento?

La palabra acento en lingüística tiene dos significados principales, uno más estrictamente lingüístico y otro más social. En el primer sentido, el acento es un rasgo prosódico que consiste en la mayor o menor intensidad con que se emite una sílaba y sirve para diferenciar las palabras acentuadas de las no acentuadas y, dentro de las palabras acentuadas, las agudas, las llanas, las esdrújulas y sobreesdrújulas.

En el sentido social, el acento se refiere a ciertas marcas de pronunciación que permiten reconocer el origen geográfico de un hablante. Estas características corresponden a algunos rasgos fónicos, como la pronunciación de determinados sonidos, pero sobre todo se relacionan con la entonación, con la melodía del habla, la cadencia y el ritmo específico que tiene cada dialecto. De esa manera, podemos hablar de acento andaluz, acento canario, acento madrileño, acento argentino, acento mexicano o acento cubano, por poner solo unos cuantos ejemplos. Suele ser con este significado como se usa cuando aparece como objeto de debate en los medios de comunicación.

- ¿Todos tenemos acento? ¿Cómo se puede conocer o diferenciar el acento que solemos usar?

El acento es una característica intrínseca del lenguaje de una persona y se adquiere a la vez que se adquiere la lengua materna, por lo que todos tenemos acento, nadie carece de acento o, dicho de otra manera, nadie habla con 'acento neutro'. Lo que pasa es que, como ya he dicho en alguna otra ocasión, con el acento ocurre como con ciertas características, como el olor personal, que nos resulta difícil reconocerlo en nosotros mismos y, sin embargo, lo percibimos con facilidad en los demás.

- ¿Y para qué sirve el acento? ¿Tiene alguna función social o comunicativa?

Es una cuestión no resuelta aún del todo, pero parece que una de las funciones principales del acento es la de permitir identificarnos rápidamente como miembros de un grupo social. Por lo general, hablamos como hablan los de nuestro entorno y de esta manera nos sentimos parte del grupo. El acento, en este sentido, es un potente generador de identidad individual y grupal.

Por el acento podemos determinar rápidamente si alguien habla como nosotros o no y, por tanto, nos permite saber rápidamente si forma parte de nuestra comunidad de habla o no. Y esto tiene consecuencias importantes de cara a determinar hasta qué punto se le pueden exigir comportamientos lingüísticos, pero también sociales. Básicamente entendemos que, si alguien habla como nosotros, forma parte de nuestra comunidad de habla y, por tanto, comparte los mismos comportamientos sociales y lingüísticos; en cambio, si habla con un acento diferente, se le identifica como no perteneciente a la comunidad de habla y, en consecuencia, se le exigen otras cosas.

- ¿Pero todos los acentos son iguales o hay acentos mejores y acentos peores?

El problema principal es que a menudo se confunde cómo habla una persona con cómo es esa persona. Si en una serie de televisión, por ejemplo, los personales que desempeñan determinadas profesiones bajas en la escala social se presentan siempre hablando con un determinado acento (piénsese, por ejemplo, criadas siempre hablando con acento andaluz), estamos reproduciendo un estereotipo, según el cual los que hablan con ese acento solo pueden ocupar esas profesiones u oficios. La consecuencia inmediata es que en realidad estamos poniendo dificultades o impedimentos a esas personas para que puedan ascender socialmente.

Una de las tareas de los sociolingüistas y de los profesores de lengua es eliminar falsas creencias y estereotipos negativos que se crean en relación con las lenguas y los acentos. Hay que tener en cuenta, además, que dentro de cada dialecto los hablantes pueden tener un acento más o menos marcado, y que solo los acentos más marcados son los que dificultan la comunicación con hablantes de otros orígenes geográficos. Y lo que sí está demostrado es que la cultura y la educación contribuyen a nivelar las diferencias en la pronunciación de los hispanohablantes. De hecho, los hablantes cultos de español, sea cual sea su origen, no presentan divergencias sustanciales en su modo de pronunciar. 

Florentino paredes Acentos Hispanohablantes interior
Florentino Paredes

De ahí que podamos decir que no hay un acento mejor que otro, en el sentido geográfico: el español no se habla mejor en un territorio que en otro. Lo que sí hay en cada zona es hablantes que prestan más cuidado a su lengua y a la pronunciación para lograr mejor la comunicación. Esos hablantes, además, son los que suelen tener mayor prestigio social, por lo que suele ser a quienes se imita lingüísticamente. En definitiva, no hay un lugar en el que se hable mejor el español que en otro, pero en todos los lugares hay hablantes que hablan mejor que otros porque comunican mejor.

- Centrémonos ahora en la Comunidad Autónoma de Madrid, en la que cualquiera puede ver que hay muchos acentos. ¿A qué cree que se debe esta variedad?

La diversidad de acentos se produce porque hay personas que proceden de diversos lugares e incluso hablan distintas lenguas. Madrid ha sido históricamente un territorio de migración para gentes procedentes de las dos Castillas y de otras zonas de España y en la actualidad está acogiendo a muchos inmigrantes de países hispanohablantes y de otros orígenes. Por ello, en la capital se observan más que en otras áreas lo que los sociolingüistas denominamos los procesos de acomodación lingüística: los hablantes de distintos orígenes tienden a hacer similares sus usos lingüísticos, por lo general favoreciendo las características comunes y descartando las diferentes, creando de esta manera una variedad nueva, común y compartida. Con el paso del tiempo, esta nueva variedad es la que los hijos aprenden de los padres y contribuyen a mantenerla, ya como marca de su propia identidad.

- ¿Cómo ha influido la tecnología en la diversificación de los acentos? ¿Y la televisión o los medios audiovisuales?

La lengua se va modificando de manera constante. La tecnología, los medios de comunicación, han ayudado en ese proceso de nivelación del que acabo de hablar, en la medida en que han contribuido a difundir distintos modos de pronunciar el español. Hace unas décadas era muy poco probable que un alcalaíno, por ejemplo, oyese hablar a un venezolano, un ecuatoriano o un chileno. En cambio, hoy nos llegan a menudo mensajes sonoros, vídeos o grabaciones procedentes de cualquier lugar del mundo hispanohablante. Esa exposición al modo de pronunciar de otros hablantes de español, a otros acentos contribuye a crear actitudes que, cuando se convierten en frecuentes o habituales, por lo general acaban siendo favorables.

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