Artículo de Rubén Garrido, Gerente de la UAH


Existen algunos estudios empíricos que muestran el importante impacto que puede llegar en la economía el alzarse como vencedor del mundial de fútbol. El departamento de economía del grupo ABN-Amro realizó un estudio en 2006 que mostraba que para el país ganador del mundial de futbol el Producto Interior Bruto subía un 0,7% el año justamente posterior a ganar el mundial, con la excepción del caso de Alemania y Argentina en los mundiales de 1974 y 1978.
En el caso de Holanda, en 1988 ocurrió esta ganancia macroeconómica junto con una importante subida de la bolsa. Si esto es así, los chicos de Del Bosque han conseguido ellos sólo contrarrestar los impactos negativos sobre el PIB de la subida del IVA de este mes.
España, por primera vez en su historia, ha sido campeona del mundial y la pasión por la roja ha alcanzado cotas hasta ahora desconocidas. Sin duda esta situación de euforia colectiva es favorable a la economía, aunque no podemos saber si el impacto es transitorio o bien desencadenará vía consumo, expectativas e inversión –especialmente, internacional – algún tipo de perturbación positiva más duradera.
Podemos afirmar que, desde luego, la victoria alienta el consumo al menos a corto plazo, motivado algo por la mejora del sentimiento del consumidor. También es claro que beneficia a determinados sectores, como el de la bebidas o cervezas, o el de apartados electrónicos, especialmente televisores. Los datos muestran, por ejemplo, que un holandés consume 76 litros de cerveza en los años que hay mundial de fútbol. Si además, su selección juega esta fase final, esta cifra sube a los 85 litros.
Supongo que estos registros son equiparables a otros países como España. En nuestro caso además, analicemos el comercio de chindogus con los colores nacionales que han arrasado en los establecimientos orientales de las ciudades españolas.
Hablando algo más en serio, la actuación de la selección española mejora notablemente la imagen país en el mundo, mostrando la importancia del futbol como deporte de masas y como símbolo. Y esto tampoco es una cuestión menor, en la medida en que el prestigio de la roja pueda ser utilizado por las empresas y, especialmente, por la economía española, que falta le hace.
En clave interna, además de los efectos sobre el consumo antes mencionado, no n os vendría mal aplicarnos el cuento del esfuerzo, la preparación y el trabajo en equipo como lemas para ganar el futuro. Nadie nos va a vender un nuevo modelo productivo. Lo debemos hacer entre todos y estos parámetros, desde luego, no hacen mal a nadie.
Pero tampoco pensemos que ya está. Las Cajas siguen sin reordenarse y el crédito sin fluir. Y, desafortunadamente, el parado seguirá estándolo hoy y comprobará que, pese a poder haber disfrutado con el juego de la selección, sus problemas no se arreglan con un gol de Villa.