Para Alberto Ferrus, director del Instituto, este convenio permitirá “una nueva forma de hacer Ciencia en nuestro país, una ciencia que requiere de la colaboración de muchas personas, pues la investigación individual ya no es posible”.

- ¿Por qué se ha decidido trasladar a la ciudad de Alcalá el Instituto Cajal y cuáles son las necesidades de esta movilidad?
El principal inconveniente son las dimensiones. Actualmente hay 180 personas, y de las cuáles 23 son investigadores en plantilla y eso representa todas las diversas áreas de la neurociencia. Desde el CSIF se pidió que ideáramos un programa que pensara en la neurobiología del futuro, con la calidad y altura necesarias para competir con la ciencia de frontera que se hace en todo el mundo.
Para ello es imprescindible tener una dimensión mayor, además de tener también una vinculación directa con otros profesionales, la mayoría están en la universidad, y otros en el área de la medicina y la ingeniería. Se buscó un campus y se contactó con la UAH y la respuesta fue positiva desde el primer momento. El rector vio muy clara la proyección de futuro del proyecto y facilitó el proceso. Este convenio es la piedra angular de este proyecto. Lo que se espera es que este evento anuncie la creación de nuevos centros de investigación frontera, íntimamente vertebrados con la universidad y que en su conjunto redunden en el beneficio social. Es evidente que todas las investigaciones que se hacen acaban repercutiendo inexorablemente en el beneficio social, bien sea biomedicina, área clínica o aplicaciones industriales innovadoras, verdaderamente de frontera.
- ¿Cómo va a ser ese nuevo instituto?
Será un edificio de 20 000 m2 construidos, dimensionado para unas 500 personas trabajando, que se localizará adyacente a otro instituto, el IMMPA, cuyo proceso ya está concluido. Habrá una conexión física entre ambos institutos, y desde luego amplísimas relaciones tanto en el área de la medicina molecular y la neurociencia como con los profesionales de la UAH y también con aquellas industrias que detecten este nuevo campus como el lugar ideal para recibir y por lo tanto tener acceso privilegiado a los resultados que surjan de los laboratorios. Estas empresas serán privilegiadas para poder dar los primeros pasos en lo que comúnmente se llama la traslación del conocimiento de los laboratorios a la aplicación práctica, bien sea en los hospitales como a otras empresas como la robótica, un área virgen por investigar, que hay que explorar y que España tiene un largo camino que recorrer. Esperamos poder contribuir a ello.
- ¿Qué tipo de investigaciones y trabajos se van a llevar a cabo?
Se estudian procesos elementales que surgen en el sistema nervioso, tanto cuando una célula del sistema nervioso no funciona como cuando una parte del sistema nervioso no se ha construido correctamente durante el desarrollo. Por tanto, el área más amplia es la del estudio de los orígenes de enfermedades, tanto aquellas que se producen a lo largo de la vida como aquellas que se producen en el desarrollo embrionario. Las investigaciones abarcan también tanto el enorme terreno de las epilepsias como otras de aspecto más cognitivo como la esquizofrenia… Unas áreas están más avanzadas que otras pero todo lo que se hace en el instituto acaba teniendo un efecto en la sociedad.
Además hay nuevos aspectos que la neurobiología de sistemas, -cómo opera el cerebro para percibir sensaciones, cómo ejecutar movimientos…-, que son las leyes que marcan cómo funciona el sistema cerebral y son precisamente las que gestionan la inteligencia artificial. Estamos deseando encontrarlas y descubrirlas para poder aplicarlas a las máquinas y que éstas sean, a fin de cuentas, servidores de los seres humanos. Un área de futuro, un campo absolutamente desconocido. Tenemos la esperanza de que aporte grandes avances a la investigación de neurociencia para el desarrollo de robots bioinspirados. Esa será la apuesta a largo plazo para los próximos cincuenta años.