Cinco estudiantes del grado en Ingeniería en Electrónica y Automática Industrial son los ganadores de la categoría ‘Tech’ del concurso BBLUE BBVA Impact Challenge, con su proyecto ‘Pop-up forest’, destinado a la reforestación de espacios de forma autónoma mediante robots colaborativos.

Los estudiantes son Borja Miguel Peñuelas Morales, Sergio Maza Uslé, Nicolás Horacio Carneri Tamaryn, Aitor Rebollo Orozco y Jesús Izquierdo Cuba y disfrutarán de un viaje de una semana a Silicon Valley, donde podrán visitar empresas punteras en nuevas tecnologías, fundaciones relacionadas con el medioambiente y la sostenibilidad y empresas de crowdfunding con el objetivo de obtener socios que les ayuden a poner en marcha su proyecto de negocio.

El concurso está organizado con el objetivo de fomentar entre los estudiantes universitarios el emprendimiento, el trabajo colaborativo y la creación de empresas sociales que cambien el mundo.

La iniciativa ganadora está llena de innovación y de imaginación: ‘Pop-up forest’ propone la reforestación de espacios de forma autónoma mediante robots colaborativos. La idea se materializa de este modo: se envía por avión un contenedor autónomo a nivel energético que contiene los robots, las plantas y los generadores que se encargan de abastecer de energía a todo el sistema. Hay dos robots: una abeja y un topo. La abeja es un drone aéreo que mapea la zona y busca la mejor ruta de acceso a la plantación para el topo. El topo es un drone terrestre y se encarga de taladrar la tierra y realizar la plantación de los esquejes que la abeja le va suministrando a medida que se produce la plantación. Los robots realizarán la plantación y además recargarán automáticamente sus baterías sin intervención humana. Cada contenedor dispondrá de plantas para la siembra de 1.000 árboles que podrían ir reponiéndose a medida que se desarrolla la plantación.

Esta iniciativa tiene un valor económico y social muy importante relacionado con el mercado de bonos de carbono, la erosión de la tierra, el precio de la madera… Es un ejemplo de cómo la tecnología se pone al servicio de la sociedad en un momento en el que los árboles adquieren un mayor valor añadido como elementos naturales que absorben CO2.
En este momento no existe ningún proyecto similar en el mercado.