Ocupan titulares en los medios de comunicación casi a diario: 659 víctimas en el terremoto de Ecuador el pasado mes de abril; 23 muertos en el derrumbe de un edificio en Nairobi, siete muertos tras el desplome de otro inmueble en Los Cristianos (Tenerife) hace pocas semanas…

 

 

Vivimos continuamente situaciones de emergencia, pero afortunadamente España cuenta con profesionales muy cualificados para afrontar estos casos en los que es difícil no dejarse llevar por el pánico. Los equipos de emergencias trabajan sin descanso para, en tiempo récord, tratar de recuperar con vida al mayor número de personas.

Iván Ortega, enfermero de Emergencias del SUMMA (Servicio de Urgencia Médica de Madrid), jurista experto en Derecho Sanitario y Bioética y profesor en la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la UAH, relata cuál es el papel del profesional dedicado a las emergencias desde su propia experiencia, ya que participó en las labores de rescate del 11-M y también en el ‘tsunami’ de Indonesia.

-¿Qué entendemos por una emergencia sanitaria?

-Una emergencia sanitaria es una situación de riesgo inminente para la vida de una persona. La diferencia entre la vida y la muerte está en que actuemos en pocos segundos o minutos.

-¿Cómo fue su participación en los distintos casos de emergencia sanitaria?

-En materia de emergencia sanitaria he intervenido en dos catástrofes con múltiples víctimas: en los atentados terroristas del 11-M y el ‘tsunami’ de Indonesia, ambos en el año 2004. Fueron dos intervenciones muy distintas, la primera provocada por el hombre y la segunda, un desastre natural. En este sentido, la vivencia del profesional es distinta, ya que no es igual la atención a personas que están expuestas al sufrimiento por el azar de la naturaleza que por la voluntad de otros seres humanos. Pero la labor técnica es muy similar: los sanitarios clasificamos a las víctimas según sus posibilidades de supervivencia y las lesiones que tienen y eso nos marca unas prioridades de manera que minimicemos el daño. A esto llamamos ‘técnicas de triage’. Nosotros insistimos mucho a nuestros alumnos de la UAH: es importante estar formado en estas técnicas y en la atención al paciente crítico en una situación de riesgo vital.

-¿Cualquier sanitario puede dedicarse a este tipo de atención?
-Desde luego, para dedicarnos a esta labor no se puede disponer solo de una cualificación técnica. Se requieren habilidades sociales, cualidades personales y de inteligencia emocional que nos ayuden a ponernos en el lugar de otro, porque trabajamos en situaciones al límite, entre la vida y la muerte. Yo también resalto mucho en las clases que la víctima no es solo la persona que sufre la emergencia, también lo es su entorno, sus familiares, y hay que tener presente que paciente y familia son una unidad a tratar.

-¿Por qué recomendaría a la comunidad universitaria formarse en emergencia sanitaria?
-Está demostrado que el riesgo inminente se reduce y, por tanto, las secuelas en la víctima, si la persona que está a su lado, atendiéndola, sabe realizar gestos salvadores, maniobras sencillas que intentamos enseñar a cualquiera. El personal no sanitario en general debería tener unas nociones básicas para poder responder en unos minutos porque, lo constatamos a diario, es la diferencia entre la vida y la muerte o la vida de calidad o sin ella. Ocurre cuando una persona sufre un colapso circulatorio. Y sí, a salvar una vida se aprende.

-En España tenemos suerte de contar con equipos de emergencia líderes en el mundo...
-Después de haber trabajado en operaciones internacionales sólo puedo decir que somos unos privilegiados. El sistema de emergencias médico español es puntero y está siendo copiado y multiplicado en el mundo, no solo por nuestras habilidades técnicas, también por las habilidades humanas que adquirimos.