La misión Solar Orbiter partirá en febrero rumbo al sol

Lunes, 07 octubre 2019

La nave dispone de 10 instrumentos y uno de ellos, el Energetic Particle Detector (EPD) se ha desarrollado en la UAH por miembros del grupo de investigación Space Research Group (SRG)

 

El Sol es la estrella más cercana a la Tierra y es, también, la que resulta fundamental para el desarrollo y la permanencia de la vida en nuestro planeta. Sin embargo, se desconocen muchas cuestiones sobre su funcionamiento y, especialmente, sobre la influencia que este tiene en el Sistema Solar interior y en la Tierra. Para tratar de entender mejor cómo funciona y cómo afectan a la Tierra y a todo el Sistema Solar las tormentas solares, la Agencia Espacial Europea (ESA), en colaboración con la NASA, pondrá en marcha en 2020 la misión Solar Orbiter, que estudiará el Sol con uan precisión sin precedentes.

Durante los meses de mayo y junio se completó una etapa importante en el desarrollo de la misión, ya que se llevaron a cabo una serie de pruebas para validar el modelo de vuelo de la nave. Estas pruebas se realizaron en las instalaciones de la empresa IABG en Ottobrunn (Alemania). Ahora, la nave permanece a la espera de ser trasladada hasta Cabo Cañaveral (Florida, Estados Unidos), desde donde será lanzada en febrero próximo.


La misión
La misión Solar Orbiter se prolongará durante aproximadamente 7 años, en los que el satélite obtendrá imágenes nunca antes vistas de nuestra estrella más cercana. De hecho, será la primera en hacer observaciones de los polos solares.

La ESA pretende que la misión capte detalles de 180 kilómetros de ancho (el ancho del disco visible del Sol es de 1,4 millones de kilómetros). La mayor aproximación al Sol será a unos 42 millones de kilómetros, más cerca que Mercurio, el planeta más cercano al astro. Esta proximidad a la estrella supondrá soportar temperaturas de más de 500 grados centígrados, para lo que la nave cuenta con un escudo térmico especialmente diseñado para poder funcionar bajo esas condiciones.

La nave está compuesta por varias unidades e instrumentos desarrollados por diferentes entidades internacionales. De los 10 instrumentos que lo componen, destaca el Detector de Partículas Energéticas (Energetic Particle Detector – EPD), desarrollado por miembros del grupo de investigación Space Research Group (SRG) de la UAH, cuyo investigador principal es Javier Rodríguez-Pacheco, catedrático de Astronomía y Astrofísica, como parte de un consorcio en el que también participan la Universidad de Kiel (Alemania) y la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.).

El Detector de Partículas Energéticas
El Energetic Particle Detector (EPD) es un complejo instrumento que estudiará la composición, los flujos y las variaciones de las partículas energéticas emanadas por el Sol. Será capaz de caracterizar sus propiedades físicas sobre un intervalo energético muy amplio, con el objetivo de determinar su origen, sus mecanismos de aceleración y sus procesos de transporte hasta cualquier punto de la heliosfera y contribuir así a entender la relación entre lo que ocurre en el Sol y los fenómenos que observamos en el medio Interplanetario, como por ejemplo, el efecto de las tormentas solares en la magnetosfera terrestre o en las capas superiores de nuestra atmósfera.

Es la principal contribución científica española a Solar Orbiter. Por otro lado, desde el Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC) en Madrid se llevará a cabo la planificación científica de la misión, la coordinación de las observaciones de los instrumentos, la recuperación de los datos obtenidos por Solar Orbiter, el análisis de dichos datos para identificar los mejores objetivos para nuevas observaciones y su archivo para que, después, puedan estar a disposición de la comunidad científica.


Últimas pruebas
Solar Orbiter va a enfrentarse a muchos retos. Además de las altas temperaturas, uno de ellos será su capacidad de operar autónomamente cuando su órbita lo lleve por detrás del Sol y, sobre todo, la variación a lo largo de la trayectoria que seguirá la nave. Para poder observar los polos del Sol, tendrá que seguir una trayectoria inclinada respecto del plano en el que se mueven los planetas y, para conseguirlo, la nave pasará varias veces muy cerca de Venus, con el fin de aprovechar su gravedad para inclinar más y más la órbita del satélite alrededor de Sol.

Parte de las pruebas fueron diseñadas para verificar que las emisiones electromagnéticas de varios segmentos de la nave espacial, particularmente las diversas antenas de radio a bordo, no interfirieran con otros subsistemas de la nave. También se verificó la compatibilidad de los sistemas de la nave con equipos externos sensibles. Las pruebas confirmaron que ninguna emisión de la nave interferiría con los receptores y transpondedores de radio del vehículo de lanzamiento o con las antenas de radio cercanas durante los preparativos de lanzamiento y despegue desde el sitio de lanzamiento.

Los resultados que proporcione Solar Orbiter en los próximos años serán clave para entender los misterios del Sol y el Sistema Solar en su conjunto, hasta ahora desconocidos, sus secretos, cómo funciona o cómo afecta a la Tierra, para que podamos conocer mejor y predecir cualquier evolución futura, tanto de nuestro desarrollo como especie, como de la vida en nuestro planeta.